1915
Estamos ante un bosquejo de la pieza que estaba destinada a ocupar un lugar en el Palacio de Bellas Artes. El Dr. Atl, que admiraba mucho a Saturnino Herrán, lo invitó a colaborar con los murales del Palacio; sin embargo, y a pesar de que Saturnino trabajó intensamente durante tres años, el proyecto no logró concretarse debido a su muerte. La pieza iba a ocupar 4 metros, y este era el panel central.
Vemos una técnica de acuarela con lápices de colores sobre papel. Un trazo depurado, místico, contornos gruesos para la figura y volúmenes saturados de gouache. Hay un sentido acuoso en la obra.
Es impactante la expresión de perfil de la Coatlicue, madre de la tierra. Se erige como una construcción totémica del pasado. También vemos la presencia viva de los indígenas, y un Cristo absorbido por la Coatlicue. Este Cristo es el Señor de la sangre que aparece en un cuadro de Zuloaga. Algo interesante sobre esta figura, adorada en Córdoba, España, es que proviene originalmente de Puebla: fue creada en pasta de maíz por manos indígenas, con lo que se cierra el círculo de identidades y simbolismo.
Información del autor
Saturnino Herrán
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