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La Duquesa de Alba

Museo del Palacio de Bellas Artes

1796-1797

Estamos ante una de las imágenes más deslumbrantes de Francisco de Goya: el retrato de la XIII duquesa de Alba. Un misterio se cierne sobre su creación y su significado. Afincado definitivamente en Madrid, Goya contaba entre sus clientes al rey Carlos III y demás aristócratas. Este patronaje continuó bajo el mandato de Carlos IV. La duquesa de Alba era una de las figuras más llamativas en la corte española de los últimos años del siglo XVIII. Goya pasó unos meses en su finca de Sanlúcar de Barrameda, cuando ella tenía treinta y cinco años y acababa de enviudar. Aquí la vemos, dando la espalda a lo que podría ser el Guadalquivir, vistiendo el traje negro de maja inspirado en modelos populares. Goya ejecutó la obra con gran libertad de pincelada, sobre todo en las mangas y la mantilla, que contrasta con las veladuras suaves y casi transparentes del paisaje. Capta con intensa vividez a su modelo y entorno, pero la duquesa sostiene una mirada enigmática. Si bien se desconoce cuál fue la relación que hubo entre el artista y su modelo, puede apreciarse en los anillos los nombres “Alba” y “Goya,”, a la vez que la frase “Solo Goya” puede leerse grabado en la arena a los pies de la duquesa. El retrato tuvo una gran significación personal para el artista, que lo conservaba en su taller inclusive después de la muerte de la duquesa.
Información del autor
Francisco de Goya y Lucientes
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