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Nacido en Fuendetodos (Zaragoza), Francisco de Goya se formó con maestros locales de su ciudad natal antes de continuar sus estudios en Madrid e Italia. Ya afincado en Madrid pintó cartones para la Real Fábrica de Tapices, convirtiéndose así en retratista de éxito, contando entre sus clientes al propio rey Carlos III, su hermano, el infante don Luis, aristócratas de las familias Osuna y Alba, y muchos ministros del gobierno. La carrera de Goya siguió floreciendo bajo el monarca siguiente, Carlos IV, pero su estilo dio un giro radical tras recuperarse de una misteriosa enfermedad contraída en una visita a Andalucía en 1792. No solo forjó entonces una asombrosa técnica, sino que en su temática irrumpieron asuntos inquietantes y dramáticos; en parte, reflejaban la turbulencia de los tiempos, desde los horrores de la invasión napoleónica de España (1808-1814), hasta el restablecimiento de la dinastía borbónica en la persona del hijo de Carlos IV, Fernando VII. Debido a las severísimas medidas represivas del nuevo rey, Goya huyó de España y murió en Burdeos en 1828.