Una de las primeras escalas de Ángel Zárraga en el continente europeo fue España, donde conoció a artistas y escritores. Visitó el taller de Joaquín Sorolla y trabajó con Ignacio Zuloaga; también viajó a Toledo y Segovia, donde pintó a sus mujeres y ancianos. Después de cuatro años en España, regresó a México en 1910. En vez de participar en la exposición de la Escuela Nacional de Bellas Artes por el Centenario de la Independencia, decidió reservar su obra para una muestra de carácter individual en la Academia de San Carlos.
La exposición fue inaugurada en enero de 1911 y contó con la presencia del Ministro Justo Sierra y el arquitecto Antonio Rivas Mercado. El mal consejo, obra también conocida como La mala consejera, se exhibió en dicho evento y se dispuso que fuera adquirida para las galerías de la Academia.
Como muchas otras pinturas de este periodo, ésta es una metáfora de las etapas de la vida: la juventud y la vejez. En un paisaje en penumbras y con un caserío al fondo, una mujer anciana, vestida austeramente de negro, le susurra algo a una joven de mantón y abanico. La obra conserva una atmósfera inquietante, mientras ambas mujeres dirigen una particular mirada al espectador.
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Ángel Zárraga
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