Germán Valdés fue, sin duda, uno de los actores más taquilleros de la época dorada del cine mexicano. El cinematógrafo -esa forma de expresión artística de masas- inmortalizó a Tin Tan al interior de la cultura popular a contracorriente del discurso que veía en un ideal de progreso un fin programático. México había renovado recientemente sus símbolos y cultura tras una revolución de grandes alcances que, ya institucionalizada, dio paso a un discurso identitario que pronto se hizo decadente ante la compleja realidad nacional. Al interior de ese discurso y de los valores que defendía surgieron las críticas hacia Germán Valdés, quien había construido una narrativa, personajes, estilo actoral y musical a partir del pueblo llano, de donde provenía y al que se dirigía. Por otro lado, Valdés se anticipó al entendimiento de la historia nacional como un proceso transcultural, multiétnico y pluricultural.
Nombrado también "El Pachuco de oro", Valdés encontró en el idioma una herramienta de confección. Así, hizo del pachuco una representación de lo diverso y lo antisistémico, en contraste con un discurso oficial tendiente a anular las diferencias. En el presente, Tin Tan forma parte de nuestro hablar cotidiano, de nuestra cultura. Como él, impregnamos nuestro lenguaje de slang, usamos palabras de caló mexicano y norteamericano, pasando por los nahuatlismos propios de nuestro idioma y por los juegos de palabras a los que somos proclives. Por ello, Tin Tan podría considerarse un preludio del meme, ese elemento cultural compartido, imitado e instantáneamente memorable.
Información del autor
Germán Cipriano Teodoro Gómez-Valdés y Castillo "Tin Tan"
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