1932
La muchacha callejera, a veces acompañada de una colega, de un cliente o de su chulo, pero generalmente sola, era un ícono insustituible de la prostitución. Su imagen se había inmortalizado desde décadas anteriores gracias a las ilustraciones y litografías que difundían la vida nocturna de París.
Las fotografías de Brassaï de prostitutas solitarias haciendo la calle funcionan exactamente de la misma manera y vuelven a dotar de vida un motivo tradicional, transformando así la imagen genérica en un arquetipo imponente. Algunas de las imágenes utilizan la técnica nocturna característica de Brassaï, con una iluminación brillante que enmascara su fuente para producir una sensación de dramatismo, a pesar de la falta de acción.
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Brassaï
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