1958
Óleo sobre tela
El pintor alcanzó su madurez a finales de la década de los cincuenta al encontrar su propio estilo: Coronel se liberó de la figura para darle paso a la forma, constituida por el color, la luminosidad y el brillo.
Su obra se distinguió por alejarse del tratamiento académico, trabajó la abstracción y pudo combinar y hacer una simbiosis del pasado prehispánico con las vanguardias que conoció en Europa.
También se caracteriza por la dramatización de los colores de las antiguas culturas y la recuperación de sus formas y motivos. En ellas se veía la fuerza de su pensamiento abstracto y colorido original, lo que disfrazaba el contenido dramático de estas.
En 1959, ganó el primer lugar en el Primer Salón Nacional de Pintura convocado por el Instituto Nacional de Bellas Artes con su cuadro La Lucha. El jurado lo integró: Luis Cardoza y Aragón, Inés Amor, Paul Westheim, Justino Fernández, Enrique F. Gual, Antonio Rodríguez y Rafael Anzures. El segundo premio fue para Luis Nishizawa; el tercero, para Jorge González Camarena; y el cuarto, para Leonora Carrington.
En La Lucha, presenta una serie de formas en las que no se distinguen cuerpos humanos, sin embargo, podemos percibir un conjunto de figuras que se abalanzan sobre lo que parece ser un animal ubicado en la parte inferior del cuadro. Los colores, especialmente los cálidos, constituyen la fuerza principal de esta obra.
El trabajo de Coronel suele integrar y reinterpretar personajes y motivos antiguos de diversas partes del mundo, incluido México. Una referencia al pasado mesoamericano se encuentra en la esquina superior derecha de esta pieza, donde se aprecia la cabeza de una guacamaya, presente en la iconografía de Xochicalco –vestigios de un asentamiento en el Estado de Morelos.
Información del autor
Pedro Coronel
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