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Pintor y escultor guatemalteco, formó parte del muralismo mexicano, pero desde una perspectiva abstracta geométrica.
Al terminar la secundaria, estudió en el Instituto de Artes y Oficios con el profesor Manuel Carrera, quien le transmitió su pasión por la pintura. Después de trasladarse con su familia a Quetzaltenango en 1909, regresó a la ciudad de Guatemala donde frecuentó al artista Carlos Valenti y al amigo y biógrafo de Picasso, Jaime Sabartés, quien lo impulsó a viajar a Francia.
Durante su estancia en París, Mérida participó en los talleres del pintor catalán Hermenegildo Anglada Camarasa. En la capital francesa formó parte de la vida bohemia de la ciudad y conoció a los pintores mexicanos Diego Rivera, Jorge Enciso, Benjamín Coria, Ángel Zárraga y Adolfo Best Maugard.
A principios de la década de 1920, Mérida se incorporó al movimiento muralista mexicano. Para 1947 regresó a París e inició su ciclo de pintura “abstracto-surrealista” motivado por su amor a los temas indígenas. Dos años después volvió a México, donde dividió su obra en dos categorías: el trabajo “propio” y los encargos comerciales, destacando en el primero su interés por lo prehispánico.
En contraposición a la Escuela Mexicana de Pintura, creadores como Pedro Coronel y Carlos Mérida experimentaron con nuevas formas de aproximación estética e ideológica en busca de estructuras apartadas del nacionalismo que predominaba.