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Frida Kahlo comienza a escribir su diario en 1944. El agravamiento de su salud la obliga a pasar gran parte del tiempo en su casa, además de largas estancias hospitalarias, y recurre a esta forma de expresión en la que muestra su faceta más íntima.
Escribió este diario hasta el final de su vida, en 1954, llegando a despedirse en estas páginas con una de sus frases más icónicas: “Espero alegre la salida –y espero no volver jamás –FRIDA.”
Este manuscrito acerca al espectador a la vida cotidiana de Frida: su salud, obra artística, relaciones, pensamientos en torno a la vida, la muerte, el mundo, e incluso filosofía. En sus casi 200 páginas se encuentran desde listados de la compra, dibujos, poemas, hasta el significado que los colores tenían para ella.
A nivel plástico, encontramos elementos que dialogan con algunas de sus obras más importantes, de una manera más subjetiva y libre, haciendo uso de técnicas mixtas como el collage, tintas, acuarelas lápices de color y por supuesto el uso de la palabra como un gesto, una acción, una obra adentro de su obra.
Los numerosos dibujos autorretratándose con una columna clásica, como pierna, o señalando sus puntos de apoyo para mantenerse erguida, remiten a esta última etapa de su vida marcada por la amputación de su pie derecho el 27 de julio de 1953. Escribió sobre este momento una de las frases más reveladoras y que resumen su pintura y forma de entender la vida: “Pies para qué los quiero si tengo alas pa’ volar”.
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Frida Kahlo
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